Actual director del centro de contención, reprogramación y condicionamiento (CRC). Está a cargo de la seguridad y correcto funcionamiento del lugar, obsesionado con que todo se mantenga en el orden que desea, de vez en cuando recorre el lugar para conocer a los nuevos prisioneros, quienes suele verlos como pacientes que necesitan ser tratados de la enfermedad que los corroe. Cree que el éxito de lo que hacen en el país radica en seguir al pie de la letra el reloj del Nuevo Orden Mundial, pero la flexibilidad de la tecnocracia que ha tenido estos últimos 15 años impide que este país crezca y que no salga de las garras de aquellas criaturas que lo manipulan.
Rodolfo fue parte de los grupos de choque que se enfrentaron a los seres sobrenaturales después de que el pogromo se llevaba a cabo en dictadura. En los 80 se dedicaba a combatir los grupos subversores revolucionarios, lo que le dio cierta reputación de “cazador” entre los reclusos del CRC, como el hijo de los fundadores del lugar, estaba orgulloso de llevar ese título, hasta que los líderes del consejo abruptamente desaparecieron y con ello varios otros agentes.
Entre los 80 y 90 se especializo en la psicología subversora para llevar a cabo los interrogatorios y decidir quienes eran enviados a la habitación 101 de la tecnocracia.
En los 90′ al volver la democracia al país, lo sacaron de las evaluaciones de campo para ponerlo en el cargo de coordinador del CRC. Sin entender por qué su madre aprobó eso, que en ese tiempo era la directora del lugar después de que su padre murió, asumió el cargo sin muchas opciones, y desde entonces fue escalando más y más bajo la tutela de su propia madre.
10 años después, con la anomalía dimensional, su madre desapareció cuando una tormenta atacó el centro de observación principal de las prisiones que se encontraban en los constructos que quedaban al otro lado de la celosía. A partir de ese entonces entre la urgencia, él se volvió el nuevo director y remodeló el lugar de manera que se reconstruyeran las prisiones de alta seguridad perdidas, a 80 metros bajo tierra, con la ayuda de Francisco Breetz.
Hasta el día de hoy, quiere asegurarse de que el lugar sea el mejor edificio de Chile para estudiar a las entidades peligrosas que han encontrado en el país, usando cualquier medio y buscando a los mejores agentes entre las líneas de la Tecnocracia.