Erika viene de una tradición de doctores en su familia. Su antecesora Eloísa, la primera mujer en Chile en estudiar medicina y la primera mujer médico cirujana de América latina, sirve como un ejemplo a seguir entre sus descendientes y a menudo es la inspiración para alcanzar la iluminación, lo que es el caso de Érika (suelen usar su apellido materno), quien a sus 20 años ya había sido reclutada en las filas de la tecnocracia. Actualmente se encarga de expandir sus investigaciones en el desarrollo artificial de ecosistemas del centro de biotecnología y bioingeniería, pero su punto de vista suele chocar con los experimentos de su Mentor, el doctor “Vacuos”. El resto de su familia también trabaja ahí ya sea atendiendo el hospital de los
Érika considera que su trabajo es ético y que la evolución es un proceso natural dentro de la historia del planeta que se da por distintos factores, su trabajo es solo otro de esos factores, y sin embargo ha logrado grandes avances en el desarrollo sustentable y otorga a plantas y animales la habilidad de resistir los cambios que está sufriendo el clima del planeta, evitando incluso que algunas especies se extingan. Tiene un jardín de prueba que suele ser visitado por un cóndor que recorre los andes al que ella suele hablarle de la vida. No lo sabe, pero le cae bien a Walconda.