Alejandro se unió a las filas de los progenitores luego de conocer el trabajo de su esposa Marianna, heredera del legado de Eloisa Días, sobre la infertilidad y los procedimientos de reversión de ese estado, dado que ella era la única heredera de su familia de una larga lista de exitosos científicos pero declarada infértil. Inmediatamente se enamoró de ella al poco tiempo de trabajar juntos, con el tiempo, el haber estado expuesto a los procedimientos iluminados lo convirtieron en un ciudadano extraordinario y le dieron una respetable posición junto a su esposa entre los progenitores.

Al poco tiempo de establecerse se casaron, lo que los motivó a trabajar en revertir la infertilidad de su mujer. A medida que pasaba el tiempo sus esfuerzos se hacían más difíciles, hasta que el año 94, teniendo 48 años, lo lograron, cuando a través de un proceso complejo Marianna logró quedar embarazada, sin embargo, un efecto paradójico afectó el hito: a medida que su bebé se desarrollaba, Marianna perdía fuerza vital. A pesar de la inminente muerte de su esposa, Alejandro la acompañó durante todo el proceso, respetando la decisión de ella de tener al bebé. Fue así cómo 9 meses después Marianna muere dando a luz a Érika.

Los años siguientes Alejandro se dedicó a los asuntos mundanos de la convención, mientras que el doctor Vacuos asumía el cargo de Marianna al ser el iluminado con mayor experiencia entre sus pares, movimiento que no fue bien visto por otros miembros de la Tecnocracia.

El resto del tiempo se la pasó criando a su hija, en quién vio renacer la chispa iluminada de su esposa.

Alejandro termina retirándose a sus 65 años, un año después de haber sido parte de la Inaguración del Centro de Biotecnología y Bioingeniería en ese momento, dirigida por el doctor Vacuos.