De joven perteneció a los guerreros de la Orden de Jade, una facción de choque de la Hermandad Akáshica en China que buscaba frenar el avance desmedido del desarrollo industrial del país en áreas que consideraban sagradas para el equilibro de la rueda kármica. La labor de esta Orden llevaba varios años, incluso llegaron a compartir terreno con la corte de las bestias. Huang era uno de los discípulos más dedicados, muy comprometido y completamente dispuesto a enfrentarse a cualquier desafío, hasta que un zhong long (mokolé asiático) llamado Yè hǒu, antiguo aliado de la orden y sabio representante del Hengeyokai, se contacta con el grupo después de una horrible visión del apocalípsis que se avecinaba.

Después de escuchar las reveladores pero preocupantes palabras del dragón, la orden agrupó a sus más grandes guerreros y discípulos, convencidos por la visión que les compartió el Zhong, para partir junto a un grupo de cambiaformas Hengeyokai a atacar la fábrica que identificaron como el origen de las terribles visiones que afectaban a .

Pero el enfrentamiento no fue como lo esperaban. Cuando investigaron más de cerca, se enfrentaron a los líderes del recinto y descubrieron que la mitad de los guerreros de Jade estaban siendo manipulados producto de unos experimentos de la Mano de Hierro: los forjadores del olvido (IronHand), una secta tecnológica que desarrollaba experimentos para crear al soldado perfecto usando mentes y cuerpos despertados para fusionarlos con perdiciones, en una abominable mezcla de tecnología, biología y espíritu. Esta empresa llevaba años experimentando con la orden de guerreros de Jade bajo la aprobación de sus miembros más antiguos, con la promesa de trascender los límites de la carne y el espíritu para poder estar mejor preparados ante el apocalípsis que se avecinaba.

Fue así como corrompieron a sus más grandes maestros, quienes llevaron al grupo Hengeyokai a una trampa, donde aprovecharían de probar a sus nuevos guerreros, algo que el Mokolé no había visto producto de la confusión que le generó su propia visión al haber estado dormido por tantos siglos. Cuando Huang Yen se enfrentó a esta revelación, las palabras de su maestro en esta nueva forma calaron en lo profundo de su siqui, él le mostró la visión del antiguo dragón y le explicó por qué era necesaria esta transformación para ellos. Huang siendo tan joven se expuso al temor, la desesperación, a la desesperanza de una realidad futura para la que no estaba preparado, sumado a que su maestro se habría convertido en el gran arquitecto de esta conspiración, eso, lo marcó para siempre.

Ante la inminente pérdida de la batalla, en pleno conflicto, los líderes Hengeyokai idearon una vía de escape para sus compañeros de manada más jóvenes y los pocos discípulos que quedaban de la orden de Jade libres del experimento, mientras ellos se sacrificaban para acabar con el proyecto que estaba claramente bajo el yugo del Wyrm. Fue así que a pesar de todo, destruyeron la fábrica y sus experimentos al coste de sus propias vidas. Días después, cuando exploradores de la corte de las bestias llegaron a investigar lo que había pasado, solo vieron cadáveres a manos de quienes en el pasado habrían sido sus aliados, y desde ese entonces juraron no volver a involucrarse con nadie que se hiciera llamar guerrero de Jade o algo parecido, ni confiarle estos asuntos a los humanos.

El viaje por la senda de plata llevó a Huang-Yen y al resto de los sobrevivientes a un túmulo sagrado Garou en Chiloé, para la época de los 80′. Sin embargo la presencia de esos humanos en un lugar así no fue bienvenida, por lo que sus aliados Hakken tuvieron que interceder por ellos para que los dejaran salir de ahí sin problemas, así Huang y el resto de sus compañeros vagaron como rechazados en estas tierras forasteras durante algunos meses, hasta encontrar un pueblo más al norte, donde pudieron asentarse. A partir de ese momento nunca más volvieron a ver a sus antiguos aliados de oriente.

Jóvenes, sin la guía de sus maestros, y ante la hostilidad de la tierra a la que habían llegado, todos tomaron la decisión de ocultar sus orígenes a medida que sus personalidades y diferencias iban acentuándose. Esto provocó constantes conflictos entre ellos que a ratos eran opacados por la precaria estabilidad política que enfrentaba Chile en una dictadura que sin duda estaba siendo manipulada por la Tecnocracia. A pesar de eso, su grupo demostró ser increíblemente capaz para enfrentarlos y por varios años rechazaron a los equipos tecnócratas que intentaban llevárselos a ellos y otros objetivos políticos a la fuerza, lo que hizo de estos guerreros, una leyenda entre los agentes.

Esta demostración sin igual de poder asustó a la mayoría de las personas del pueblo, que veían a estos extranjeros con malos ojos, pero entre ellos hubo otros más jóvenes que admiraban lo que eran capaces de hacer. Con el tiempo esto les consiguió unos pocos seguidores y discípulos con los que podrían volver a armar la orden, pero esa posibilidad trajo consigo un nuevo conflicto interno, cuando intentaron definir el futuro de los guerreros de Jade, lo que hizo que finalmente este grupo se dividiera para siempre.

En la última conversación que tuvo el grupo, sus opiniones marcaron definitivamente el camino que cada uno de ellos tomaría:

Oficialmente la orden ya no existe, pero Huang junto a unos cuantos seguidores se aislaron de toda la sociedad comprometidos a enfrentar el apocalipsis que se le revela en visiones que lo atormentan hasta hoy en día. No iba a permitir que lo que pasó en su país vuelva a pasar acá, y ya no iba a exponer a nadie a los estragos que las ciudades traen consigo hasta que no estén preparados. Cree que la única manera de eliminar sus tormentos es preparando a los guerreros para el inminente final.

Así que pasó varios años recorriendo estas tierras, buscando un espacio lo suficientemente aislado para llevar a cabo su proyecto, encontró uno a la altura de Talca hacia las montañas, y a los pies de una cuenca preparó un dojo con la ayuda de sus pocos seguidores. En un comienzo registró todas las enseñanzas Akáshicas y del Do provenientes de la Orden y de su maestro en pergaminos que escondió como tesoros sagrados en el lugar, preparó el dojo para conseguir nuevos reclutas y se aseguró de tener las barreras necesarias para no ser detectado por ningún medio, pero con el tiempo sus visiones empeoraron y poco a poco se fue aislando cada vez más en su santuario y su propia mente.

En 1992 comienza la búsqueda de guerreros potenciales, la mayoría de ellos no parecían tener las capacidades necesarias que él buscaba, así que decidió buscar entre los más pequeños, raptando bebés sin que sus padres lo supieran, hasta encontrar un digno discípulo. Cualquiera de sus seguidores que cuestionara sus métodos en el santuario terminaba muerto o desaparecido. Fue así, que la gente de los pueblos cercanos comenzó a reportar niños perdidos que terminaban en sus manos.

Tiempo después, en 1998, encontró una familia con el bebé que estaba buscando. El niño poseía la misma marca espiritual que él y sus compañeros tenían hace años, desde ese momento supo que debía llevárselo y entrenarlo como un guerrero de jade, ya que la sensación de que algo grande pasaría estaba muy cerca.

El año 2000 la tormenta de avatares le da la razón, donde termina sucumbiendo a su extrema visión. Desde ese momento se aisló definitivamente, cambió el contenido de sus pergaminos para que se ajustaran a su nueva visión, asesinó a los antiguos miembros de su santuario y a quienes rogaron por su vida los maldijo cortándole la lengua, solo para entrenar a una nueva generación de alumnos completamente aislados de cualquier posible distracción, tanto de la modernidad como del pasado, Así fue como nació un nuevo grupo de guerreros de la Orden de Jade.

Sin embargo, no pasaron tantos años hasta que las historias de los niños desaparecidos llamaron la atención de uno de sus antiguos compañeros. Investigando la pista de estos sucesos, con el tiempo, aquel que buscaba la mediación del conflicto terminó encontrando el refugio y a Huang Yen. En principio intentó racionalizar con él, explicándole que lo que hacía se alejaba totalmente del camino akáshico y que debía abandonar su plan por el bien de sus alumnos, a lo que recibió una negativa con una sola advertencia de Huang:

“Cumplo con reconocer los lazos que nos unieron en el pasado, pero debo advertirte: déjanos hacer el trabajo para el que fuimos entrenados, aquel que tú y el resto renegaron, si insistes, la próxima vez que te vea por acá, será la última”

Lamentablemente su compañero no vio los límites que había superado su antiguo hermano de la Orden, por lo que no le tomo suficiente importancia a sus palabras y decidió volver al dojo, pero antes de que se acercara a sus límites, Huang lo eliminó, asegurándose de que no volviera nunca más, sin darse cuenta que su alumno estrella, Woshi, fue testigo de su pecado.

Huang respeta el poder que los cambiaformas son capaces de demostrar, pero la intolerancia que demostraron cuando llegaron y el error del antiguo dragón lo convencieron de que no son dignos de fiar para esta tarea.